
Plaza Italia.
Salimos del refugio al ojo de Chile, daban ganas de tirar la cadena, dicen que el olor a mierda da jaqueca.
Nunca lo he olido mucho tiempo por suerte, pero de esa hay poca.
Con parlantes en los oídos y nueva escuela en los bolsillos,
la huevada parece película.
Azotea.
- Hace tiempo que quería subir contigo.
- Hace tiempo que veo huevas que la llevan y no siento nada.
- Entonces salta.
- Saltemos.
- Quiero sexo
- No no.
Tomate.
Conversando en el pasillo, no me importaba mucho el tema.
De pronto y suerte se apareció una minoca.
Estaba con otra, una mala.
Entraron de una al baño.
Dejaron la puerta abierta, no había tiempo que perder.
Estiré mi nariz aguda y vi a la rubiecita vomitándolo todo, casi se le salieron los pies por la boca.
Me miró y la creí. Cogíamos. Ella pensó que la próxima vez, levantará la tapa.
Loquera.
Odiosa, tanto su carita, un estilo intenso.
Sin mirar conversa y nos deja buenazo.
Qué dijo. Ay no...
Preciso.
De a donde la sacaste?
Quien la busca?
Mañana lo mismo?
Y ahora?
Hazte caso.
Solo.
Aspiro a que el corazón me eche la sangre más lento.
Como si se me vaciara sobre las costillas y a penas muchas,
se fuera poniendo más fría, y no es que me apriete o que se tape.
No te culpo, pero la pena me acuesta.
Iluminado.
Si fuera un poco más tocado. No pensaría tanto en qué piensas.
Pero ahora no tengo a nadie que proteger y estoy más fuerte,
de pronto si voy un poco más loco. Te cuidaba tanto, porque después solo, me llamaba.
Me llamaba usted, le odié, que voy hacer sin mí que eres tú. Creo que mañana serás yo.
Me Acuerdo.
Te entra de la misma manera que una música recargada de bombos lentos
y potencia que se mantiene sobre el bajo monótono galán,
y sin levantarse, se siente cayendo aún más rápido
y la poca tolerancia a la frustración, deprime lo que espero,
y lo peor es que no se puede desaparecer sin dolor,
y lo peor es que naturalmente no se puede desaparecer.
Listo.
Caminaba y si avanzaba, pero no podía levantarme.
Por castigo será que no puedo entender el movimiento lógico para levantarme.
Pero seguía y ellos seguían, y quién no sigue, y yo sin crecer.
Hasta que de pronto, como cuando cae la segunda guitarra, me elevé.
Tan alto, que vomité y volví a caer, pero ya sé, como puedo alzarme.
forlat
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