
AUMENTAR EL RITMO CARDIACO.
Las drogas se meten mucho más temprano y mucho más profundo en estos días. Es posible que los infantes pierdan su cable a tierra y se mantengan en constante búsqueda de adrenalina. La represión está representada en libros académicos, como la renuncia del placer y coexiste con un tipo de represión conciente, en la que el individuo se niega a reconocer una realidad determinada y se desconecta de la funcionalidad cotidiana.
El comportamiento disturbioso en la alameda, cómplice de los medios; está caracterizado por una alteración de la conciencia juvenil, un maldito entusiasmo decidido a herir al conjunto de instituciones que poseen la autoridad. Más allá de tener un contenido claro, estos muchachitos se han decidido a vivir un período de excitación por las protestas. Es triste y bastante vergonzoso que no sea la exhibición pública de la opinión de un grupo. Si bien la aglomeración demuestra que no está a favor de las políticas de estado, no es una parte significativa de la población y por lo tanto pierde todo sentido ideológico y resta. Sólo resta, porque no tiene otra voluntad más allá del quebranto moral, de la sensación de aumentar el ritmo cardiaco destrozando el orden público, aplastando los símbolos de organización civil.
No quiero definir el papel de los medios ni su responsabilidad en esta tipología anarquista, que están viviendo algunos jóvenes. El respeto a la autoridad si ya estaba perdido, hoy puede mutar de manera muy peligrosa y sobre todo porque los protagonistas de esta violencia colectiva han salido impunes.
Pero si la policía y los encargados de mantener el orden público, aumentan su material represivo y sus estrategias con más fuerza, la turba podría volverse más furiosa y desencadenar en una moción peor. Me parece que mientras menos represión sea impuesta a estos muchachos, la ira colectiva ira disminuyendo, los seguro y las platas en la burra nacional de Andrés Velasco, tienen la capacidad para encargarse de los desmanes.
Las drogas se meten mucho más temprano y mucho más profundo en estos días. Es posible que los infantes pierdan su cable a tierra y se mantengan en constante búsqueda de adrenalina. La represión está representada en libros académicos, como la renuncia del placer y coexiste con un tipo de represión conciente, en la que el individuo se niega a reconocer una realidad determinada y se desconecta de la funcionalidad cotidiana.
El comportamiento disturbioso en la alameda, cómplice de los medios; está caracterizado por una alteración de la conciencia juvenil, un maldito entusiasmo decidido a herir al conjunto de instituciones que poseen la autoridad. Más allá de tener un contenido claro, estos muchachitos se han decidido a vivir un período de excitación por las protestas. Es triste y bastante vergonzoso que no sea la exhibición pública de la opinión de un grupo. Si bien la aglomeración demuestra que no está a favor de las políticas de estado, no es una parte significativa de la población y por lo tanto pierde todo sentido ideológico y resta. Sólo resta, porque no tiene otra voluntad más allá del quebranto moral, de la sensación de aumentar el ritmo cardiaco destrozando el orden público, aplastando los símbolos de organización civil.
No quiero definir el papel de los medios ni su responsabilidad en esta tipología anarquista, que están viviendo algunos jóvenes. El respeto a la autoridad si ya estaba perdido, hoy puede mutar de manera muy peligrosa y sobre todo porque los protagonistas de esta violencia colectiva han salido impunes.
Pero si la policía y los encargados de mantener el orden público, aumentan su material represivo y sus estrategias con más fuerza, la turba podría volverse más furiosa y desencadenar en una moción peor. Me parece que mientras menos represión sea impuesta a estos muchachos, la ira colectiva ira disminuyendo, los seguro y las platas en la burra nacional de Andrés Velasco, tienen la capacidad para encargarse de los desmanes.

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